El sabor del arandano
Les propongo que prueben un arandano fresco, que no haya sido congelado.
Podrán experimentar varias sensaciones si lo saborean sin apuro: La frescura es agradable. Al romperlo con la lengua se siente la placentera y explosiva rajadura de la cáscara, dejando fluir el interior suave, sin semillas perceptibles y de fino y suave sabor. No es dulce, pero decididamente tampoco es ácido (a menos que no haya madurado completamente o que nos haya tocado una variedad que desarrolla menos fructosa).
El que intente utilizar palabras tajantes, duras, definidas y “jugadas” para describir este extraordinario fruto, va a terminar describiendo cualquier otra cosa. El arandano es así. Hay que disfrutarlo en su suavidad. Hay que aprovechar su capacidad de adaptación para acompañar. Y les aseguro que en ese rol de acompañar termina siendo el protagonista.
6.11.08
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